Alejandro Platero, la aventura de un chef con fuego

Alejandro Platero es fuego. Hay cocineros cuya personalidad brota en lo sutil, que se mueven como pez en el agua o, en el peor de los casos, que rellenan su propuesta de… ¡aire! No, Platero no es nada de eso. Él es fuego. Porque plantea sus proyectos como la llama extiende su efecto.

Un buen día, cuando apenas se le conocía de sus primeras incursiones en el Mulandhara de Campanar, cuando por allí despuntaba un chico queriendo hacer una cocina con mucha evolución, comenzó a discurrir Platero entre los mentideros. Él, que apenas un tiempo antes había estado de soldado raso, fregando platos, imaginando lejano. Con las primeras chispas llegó el lío. En un abrir y cerrar de ojos el cocinero se plantó entre los chefs revelación de 2015 para Madrid Fusión, abrió Macel·lum en la Valencia histórica como una de las propuestas más ambiciosas de la temporada, terminó en Topchef. ¿Demasiado rápido?, ¿exceso de celeridad? Cuando Platero brota, la llama prende.

La gran aventura había comenzado con 22 años. Primero como camarero, después jefe de sala y de cocina, bajo el calor formador de su abuela y su madre, las primeras que le inculcaron una pasión desbocada por los efectos transformadores de una cocina.

Pasaron tantas cosas en tan poco tiempo…»

Quizá el Platero más reflexionado ha hecho aparición en los últimos tiempos ordenando su progresión. Igual de visceral, más seguro a cada paso. Tras cerrar el primer Macel·lum hace pocos meses lo reinauguró en su ubicación estrenada de Conde Salvatierra. En Campanar mantiene Come & Calla, el barrio desenfadado, desenfrenado. Y con Platero Food Studio, destinado a los cursos formativos, ha completado el tridente. Su modelo se lee ya sin letra pequeña.

En Macel·lum el fuego toma especial calor. Sus mollejas glaseadas con chirivía y alcaparras. Su mullaor de capellán y mojama. El steaktartar de rubia gallega. Los arroces. Sus arroces, refugio ante los días malos, resguardo ante los días mejores.

El Platero sin ataduras, el que arde, el que no deja frío. Sobre el que siempre hay que aventurarse a sabiendas que el calor estará cerca.