Joaquín Schmidt. El restaurante, la persona y viceversa.

Francia, Berlín, El Bullí… Paredes arropadas por diseños de Joan Verdú. Aceite Lágrima de Viver. Pan de verdad de Jesús Machi. La huella siempre presente, estando sin estar, de Javier Serrano. La magia de tocar el timbre para entrar en su casa que, a partir de ese momento, se transforma en la nuestra.

Entramos.
Observamos.
Escuchamos.

Con infinta curiosidad.

Botellas de amigos distrídamente alineadas en lo alto de un mueble que cuentan historias. Centenares de libros que invitan a revisar qué fue, qué es y qué será la gastronomía más allá de lo que transciende de las 4 esquinas de un mantel bien planchado donde se apoyan los platos. Dedicatorias y muchas vivencias en un restaurante atípico que fluye, tranquilo, fuera de los focos. Brilla con luz propia

– Con 3 mesas soy feliz –  No es una pose, es la actitud de un destino donde dejarse llevar por los olores, la música, las palabras y las creaciones personales es una cuestión innegablemente íntima, reconocible y personal.

Joaquín Schmidt. El restaurante que roba consentidamente su nombre y el nombre que inspira a cada esquina del restaurante. Nunca sabréis dónde comienza uno y se enlaza con el otro. Son uno y lo hacen un todo.

Basta de hablar. Nos lo cuentan ellos.