Cuchita Lluch y el porqué esta mujer influye tanto en transformar la percepción de la gastronomía

30 noviembre, 2018

Además de romper todo tipo de moldes y, lo importante, todo tipo de prejuicios, Cuchita Lluch, de profesión ella misma, ha resuelto los grandes dilemas de la mejor forma posible: haciendo, contribuyendo. Y en ese papel de anfitriona eterna ha acabado ganándose el mérito, el trono sin asiento -cómo va a parar quieta ella…-, de ser una de las mujeres más transformadoras de la gastronomía a este lado del mundo. Todo ello sin ser cocinera, ni jefa de sala, ni tener un restaurante, ni ser crítica gastronómica. Pero al mismo tiempo desde todos esos frentes, y desde otros muchos, ha desgranado un amor por la gastronomía a prueba de desengaños. Primero desde la academia valenciana de la gastronomía, luego desde la española.

Si su primera gran obsesión fue coaligar, hacer frente, generar comunidad entre talento culinario de su tierra, Valencia, el propósito que ahora anhela -lo demostró en la última Feria Gastrónoma- es fortalecer a las mujeres que hacen y viven en torno a la cocina y el producto.

Lluch, dedicada a eso, a hacer de Cuchita Lluch la presentación más poderosa, dejándose de monsergas, ha logrado por el camino algo bien trascendente: mostrar a todo el que quiere ver que la gastronomía, alta, baja o mediana, es ante todo placer.

Por qué la gastronomía, Cuchita.

Todo en mi casa se ha celebrado en torno a la mesa. Nunca salíamos de casa sin saber dónde íbamos a comer o a cenar. Es la misma cultura que les inculco a mis hijos. Papá nos invitaba mucho a cenar fuera, para probar todo lo que podíamos. Me iba al kiosko de la Calle Moratín a comprar la Cartelera Túria y ver dónde podríamos ir a comer ese fin de semana. A partir de ahí todo en mi vida me ha llevado a la gastronomía. Mi primer marido tenía un restaurante, El Racó de L’Olla; mi segundo también, Casa Juan; y mi tercero, Juan Echanove, qué voy a decir… Mi hermana es cocinera, en Estados Unidos y ahora ha vuelto a Valencia. La gastronomía es vida, felicidad, transformación, todo se puede cambiar alrededor de una buena mesa.

¿Al final qué pone en tu tarjeta de visita de la gastronomía?

Siempre hay mucha gente que se cree que a mí me han pagado. En la Academia Valenciana de la Gastronomía, que era un club de particulares, sentí que podía ser algo más que unas mesas de unos señores que no llegaban a más. Hablaba con presidentes de otras academias y percibía que había poco conocimiento sobre lo que se estaba cocinando en la Comunidad Valenciana. Y fue lo que hice, aunar ideas, en un momento precioso donde se estaban gestando muchas cosas. Al final soy eso, una persona que aúna ilusiones, sé que genero confianza. Me encantaría que en mi tarjeta de visita pusiera que soy embajadora valenciana.

¿En qué momento gastronómico nos encontramos?

Definitivamente somos una potencia mundial. Viajo mucho pero no encuentro nada que me ha llamado más la atención que los grandes restaurantes españoles. En concreto Valencia ha conseguido generar una comunidad muy amplia, un saber hacer a partir del producto de la tierra, alrededor de los mercados. Es un movimiento cultural, casi revolucionario. Sucede lo mismo con las bodegas. Gastronómicamente hablando estamos pasando por uno de los mejores momentos de nuestra historia… aunque queda mucho.

La mujer en la gastronomía. ¿Qué está pasando?

Siempre ha sido el momento de la mujer, siempre han sido las mujeres las que han liderado la cocina, pero sí es cierto que en la profesionalización de la mujer, como escribió mi amiga Julia Pérez Lozano, cuando sale a estudiar, no quiere estudiar cocina, y ahí se pierden una serie de generaciones. Pero por fin se ha vuelto a poner en valor, y de hecho la mujer ya copa los estudios de cocina. Luego, claro, está la conciliación, que desde luego lleva a muchas mujeres a renunciar a puestos más altos o a puestos con más visibilidad, la mujer sacrifica más su carrera profesional. No lo juzgo, pero parece que es un rol social que cuesta cambiar. Me he dado cuenta estos días, hablando con las cocineras valencianas, que todas comparten en sus restaurantes sus vidas con sus parejas. Lo analizo, parece que así sí resulta más fácil. Son cosas en las que tenemos que pensar.

Acabemos hablando de comida, ¿no? El plato que jamás te cansas de tomar.

Jamás me canso de tomar el arroz al horno de mi madre, ni el arroz con acelgas, que es el plato que siempre me pone buena, ni el pescado que me hace mi marido Juan, que es quien mejor me cocina, ni me canso de tomar nunca la paella de mi amigo Germán Ros.

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uncovercity
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