Las cinco tipos de entradas diferentes al llegar a un restaurante

15 octubre, 2018

Cuando conoces un restaurante quizá el efecto de llegar a él limita la capacidad de sorpresa. Pero cuando –uncovercity mediante, claro- recaes en un lugar que todavía no conocías, del que ignorabas su alcance, el primer efecto, la primera sensación resulta determinante. El efecto wow elevado al cubo. Por eso mismo queríamos adentrarnos en las sensaciones de la primera impresión.

Vamos a discernir entre cinco tipologías distintas de restaurantes según su entrada. Entra, entra…

 

Entrada de barrio. 2 Estaciones

Llegar al restaurante de Alberto y Mar es encontrarse con el aroma del restaurante de siempre, de la cantina de barrio elevada a su expresión más cualificada. La calidez de hallar la barra a golpe de vista, tener perfectamente controlados a los parroquianos, ver a los cocineros en acción, con la barra delimitando un paisaje de regusto febril.

Sus contribuciones culinarias van acorde, la cercanía tradicional, la calidez de lo de siempre, pasadas por el tamiz de lo que es nuevo por ser justamente de cualquier tiempo.

 

Entrada enigmática. Deli_rant

En la Plaza del Patriarca, Deli_rant sigue consolidado como un restaurante que augura juego. Su filosofía en zig zag, huyendo de lo canónico, se traslada también a la llegada. Donde uno ve un local paralelo a su barra (y a la amplia colección de cervezas), casi mirando hacia su terraza exterior, de repente tras superar un segundo zagúan se revela como un amplio espacio con capacidad mucho mayor, tal que una trastienda bien guardada.

Uno de esos restaurantes en el que necesitas persistir para conocerlo en toda su extensión. Con la carta sucede un poco igual, ese canto al delirio y al juego, a resolver un jeroglífico que siempre acaba con bocado sabroso.

 

Entrada deslumbrante. Contrapunto

El wow supremo. La Valencia de Tomorrowland tiene rendijas para apearse del futuro y recaer en la cocina bien de su tiempo que practica Pablo Ministro (cocinero del mañana pero también de ayer tarde). La entrada frente al lago inmenso, frente a la geometría, obligaba a calmar las ansías de futurismo, por eso el uso de la madera y la caña provocan un efecto de interior, de entrar en las profundidades del vientre de la ballena.

Una de las visiones más espectaculares de Valencia al acercarse a un restaurante. Tan solo el preámbulo de la cocina fresca y desacomplejada que brota dentro.

 

Entrada coqueta. Saiti

Diríamos que el acceso a Saiti, a su particular Xàtiva-Macondo, es tal que la cocina de Vicente Patiño: en un vistazo ves y te ves, obtienes todo su universo sin aditamentos ni medias tintas. El Eixample más completo, el más coqueto.

Que pase el tiempo y que nos pille agazapados en la mesa. Patiño, frente a los expansionismos fatuos, se mira a sí mismo y está a punto de ser todavía más él, de hacer un formato todavía más ajustado a la supremacía de los buenos platos.

 

Entrada… en el primer piso. The Little Queen

Ajá. Llegar… pero no haber llegado todavía. La tradición de comer bajo el cobijo de las plantas superiores ofrece el encanto de lo inesperado, de la ventura de otro tiempo. The Little Queen le ha sacado toda la esencia a la primera planta del ancestral Hotel Reina Victoria. Hay que subir las escaleras, el ascensor, para encontrarse con un espacio diferencial desde el que otear la Valencia más central a media altura. Una manera de coger al aire ante el fluir urbano.

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uncovercity
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